Nuestra Historia
Me escondí veinte años. Me cansé. Y como la ropa que buscaba no existía, la hice.
Mi madre se llamaba Lucía
Nunca la vi esconderse. Se metía en el mar sin pareo, la primera. Bailaba en todas las bodas, sin pensar en cómo le quedaba el vestido. El cuerpo, para ella, no era un problema que resolver: era el sitio desde donde vivía.
"Hija, el cuerpo es para vivir. Esconderlo es morirse antes de tiempo."
Me lo dijo muchas veces. Tardé cuarenta años en entenderla.
Yo, en cambio
Después de mi segundo hijo empecé una guerra de diez años con el espejo. Guardé unos vaqueros que ya no me ponía, por si acaso. Compré una faja que usé una sola vez y quedó en un cajón. En las fotos me colocaba siempre detrás.
Y cada verano, el mismo pareo. Ese pareo que mi madre jamás necesitó.
La boda
En la boda de mi sobrina metí tripa toda la fiesta. No bailé ni una canción. En el coche, de vuelta, mi marido me preguntó por qué no me lo había pasado bien.
Esa noche pensé en mi madre. Ella bailaba a pesar de su ropa. Y se me ocurrió algo: yo podía crear la ropa que baila contigo.
Ahora
La marca lleva su nombre. Hoy me visto en dos minutos, salgo en las fotos - delante - y en la última boda, bailé.
"No hice ropa para esconder cuerpos. Hice ropa para que ninguna mujer se quede sentada mirando cómo los demás viven. Mi madre no necesitaba ayuda para tirarse al agua. Yo sí la necesité. Esto es esa ayuda."
Mi cuerpo no cambió tanto desde entonces. Cambió de bando.
No venimos a cambiarte el cuerpo.
Venimos a devolvértelo.